Rescatista de Queronque: Doy gracias a Dios por haberme permitido ayudar a tanta gente que esa noche necesitaba de mi”

PORTADALos recuerdos de aquella terrible jornada, vivida hace ya 27 años, aún están frescos en su memoria y los evoca como su hubiese ocurrido ayer.

Eduardo Sánchez Maturana tiene 50 años de edad y reside en Limache, comuna en ha vivido prácticamente toda su vida. Para 1986 era voluntario activo de la defensa civil de Limache, en donde se esforzaba por ayudar a la comunidad estando siempre dispuesto a colaborar en servicios especiales producto de inundaciones, incendios y otras hechos que así lo requirieran. Sin embargo, jamás se imaginó lo que el destino le tenía preparado.

La tarde del 17 de febrero, y tras haber desarrollado diversas actividades internas al interior del cuartel de la defensa civil, situado en los patios internos de la 3era. Comisaría de Carabineros de Limache, decidió salir a darse una vuelta y saludar a sus amigos de la estación de ferrocarriles, sitio al cual concurría habitualmente para conversar e intercambiar opiniones sobre diversos temas de interés.

Eduardo Sánchez recuerda nitidamente cada momento de lo ocurrido la noche del 17 de febrero de 1986 en Queronque.

Eduardo Sánchez recuerda nitidamente cada momento de lo ocurrido la noche del 17 de febrero de 1986 en Queronque.

En ese lugar se encontraba conversando animadamente con un vendedor de collares y pulseras artesanales que esperaba el tren para viajar a Santiago cuando una serie de gritos, provenientes de las oficinas de administración del recinto ferroviario llamaron su atención. “Como se te ocurre… y agregó una serie de garabatos, haberle dado el paso al tren cuando hay uno que va para allá en este momento.” Era el jefe de estación, Francisco Morán, quien desesperado conversaba con gente de la estación de Peñablanca, dice Sánchez, quién al instante recuerda haber visto correr al funcionario rumbo a las cabinas de transmisión con la intención de cortar la luz y detener el andar del automotor, que pocos minutos antes había salido desde la estación de Limache rumbo a Valparaíso.

Varios minutos después, y cuando nadie sabía que había ocurrido realmente con los automotores apareció una mujer que venía en una carretela y avisó que los trenes habían chocado en el sector de Queronque. “ De inmediato bajé corriendo a la comisaría y le avise al capitán que se encontraba en la sala de guardia en ese instante. Recuerdo que el llamó de inmediato a la estación para corroborar el hecho y luego yo le dije… mi capitán, en el cuartel de la defensa civil tenemos una camilla, pero está cerrando… ¿ me autoriza a quebrar un vidrio para así poder abrir la puerta ? … y así fue como, premunidos de una camilla me fui con dos Carabineros hasta la estación y vimos que ya se estaba sacando un carrito pequeño, de color salmón – de esos que se ocupaban para llevar trabajadores a arreglar las vías – y en ese nos subimos junto a un par de trabajadores de la estación y partimos al lugar del choque. ”

Eduardo Sánchez recuerda que al llegar al lugar del impacto el panorama que se presentó frente a sus ojos resultó ser terrorífico. “había mucha gente herida, gritando y se escuchaba el llanto de muchas guaguas. Recuerdo haber visto cuerpos colgando de las ventanas, otros cuerpos estaban decapitados, había personas que habían sufrido la amputación de alguno de sus miembros y varios niños llamaban a sus papás. Al poco rato llegaron bomberos de peñablanca a ayudarnos y casi al instante apareció un carro de la segunda compañía de Limache. Mucho rato después aparecieron en el lugar militares de Quillota y entre todos empezamos a sacar gente en camilla y la empezamos a preparar para trasladarlas a la estación de Limache.”

Desde que llegó al lugar de la tragedia, Eduardo Sánchez no paro de trabajar arduamente.  En la imagen se le ve tomando en sus brazos a una bebé que es retirada del interior de uno de los vagones siniestrados por un rescatista.

Desde que llegó al lugar de la tragedia, Eduardo Sánchez no paro de trabajar arduamente. En la imagen se le ve tomando en sus brazos a una bebé que es retirada del interior de uno de los vagones siniestrados por un rescatista.

Sanchéz dice que ya entrada la noche apareció un tren automotor y en él se procedió a la evacuación de numerosos heridos, los que recibían atención de primeros auxilios en el andén de la estación de Limache para luego ser trasladados hasta el hospital local.

La poca preparación y un plan adecuado para enfrentar situaciones de emergencia como la ocurrida en ese momento hizo que cada cual hiciera lo que estimaba más conveniente. “ Escuchábamos a alguien gritando y entonces focalizábamos la ayuda en ese lugar, hasta que la encontrábamos y rescatábamos y entonces los soldados, que eran conscriptos de Quillota, la sacaban en algunas camillas.

Luego de haber trabajado en el lugar del accidente, Eduardo Sánchez se dio el tiempo para trasladarse a la estación de Limache en donde ayudo en el traslado de los heridos al hospital local.

Luego de haber trabajado en el lugar del accidente, Eduardo Sánchez se dio el tiempo para trasladarse a la estación de Limache en donde ayudo en el traslado de los heridos al hospital local.

Ellos se vieron enfrentados a una difícil situación – recuerda Sánchez – debido a que muchos de los cadáveres que eran sacados desde el interior de los presentaban una gran hinchazón y prácticamente explotaban en las camillas. “yo vi a varios soldados que se desmayaron frente a tal panorama” dice con voz entrecortada.

Su trabajo se extendió por varias horas y cuando el reloj ya marcaba cerca de las 7 de la mañana decidió volver a su casa, no sin antes rescatar a la última persona que permanecía con vida al interior de los carros “era una guaguita que de pronto se puso a llorar. Entonces la empezamos a buscar hasta que la encontramos bajo unos asientos, al lado de su mama que había fallecido tras sufrir la amputación traumática de una pierna y un brazo.”

"Doy gracias a Dios por haberme permitido ayudar a tanta gente que esa noche necesitaba de mi"

“Doy gracias a Dios por haberme permitido ayudar a tanta gente que esa noche necesitaba de mi”

Al pasar de los años, Eduardo Sánchez dice tener fresca en la memoria los hechos vividos en Queroqnue y sólo un pensamiento viene a su mente cada vez que viaja en tren y pasa por el lugar: “yo me persigno y le digo a Dios, gracias por haberme permitido ayudar a tanta gente que esa noche necesitaba de mi”

Ese pensamiento es el que le dice le alienta cada día a seguir en su senda de ayudar al que lo necesita, ahora desde su humilde trabajo de amplificación, trabajo que asegura realizar muchas veces de forma gratuita porque en los tiempos actuales hay mucha gente que se casa, por ejemplo, y quiere hacer su fiesta y no tiene dinero para pagar una buena amplificación, entonces yo les ayudo y les ofrezco el servicio de manera gratuita… “claro que tengo más pega gratis que pagada” dice con una sonrisa en sus labios.

Así es este hombre de 50 años, que asegura nunca haber recibido un reconocimiento por su labor desarrollada aquella jornada de dolor y muerte en Queronque. Un héroe anónimo que no escatimó esfuerzos para ayudar a quienes clamaban de su ayuda en medio de la soledad de la noche de una fría noche de febrero de 1986.

monilito que recuerda la tragedia_Soft

Anuncios